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Hace más de dos mil años, Heráclito de Efeso dió un paso a la inmortalidad cuando dijo que “nadie se baña dos veces en el mismo río”. Si hoy tomamos esa afirmación y la trasladamos al plano deportivo, esta claro que nadie es la misma persona que ayer, ni mañana será la misma persona que es hoy. Vivimos en constante cambio, un cambio con cuestas y pendientes, un cambio a veces tan imperceptible pero que puede significar el impulso necesario para quebrar un récord. Esta claro que ningún atleta, por mejor entrenamiento que reciba, puede mantener su “estado de forma” por mucho tiempo. En algún momento, inevitablemente, tendrá que caer en un proceso fisiológico absolutamente natural, aunque para nada deseable en el ámbito del rendimiento. ¿Cuál es el deseo de todos los entrenadores? Llegar a la competencia más importante con su atleta en su pico de rendimiento. Justamente de eso se trata la planificación deportiva: de ordenar sistemáticamente al entrenamiento para conseguir su pico de rendimiento justo cuando lo deseamos.

Veamos ahora los componentes de la planificación: cuando usted sale de vacaciones, por lo general lo hace con un destino en mente. Es verdad que existen personas que prefieren salir y esperar a ver que le depara el camino…asi les va… La cosa es que en el ámbito deportivo ocurre algo muy similar: usted no puede tener éxito sin planificar, y no se puede planificar si no hay objetivos. Los objetivos no siempre tienen que ver con obtener un campeonato, puede que como entrenador usted busque aumentar el porcentaje de partidos ganados, evitar el descenso, mejorar una marca, etc. Más aun, el entrenador puede plantearse varios objetivos en distintos planos, como lo son el mejorar las relaciones del grupo, disminuir la cantidad de pleitos, bajar el número de tarjetas rojas y demás. Lo importante: elaborar objetivos reales, viables y acordados entre todos los miembros del equipo.

Luego de armar la lista de objetivos, el siguiente paso será enumerar las competencias más importantes del año (pueden ser una, dos o tres, generalmente) para empezar a visualizar los picos de rendimiento que tendrá nuestro deportista. En los deportes de equipo, donde un torneo puede durar entre dos y cuatro meses, hablamos de picos más chatos, porque el jugador necesita alcanzar un nivel y mantenerlo durante el mayor tiempo posible. Por otro lado, siempre hacemos referencia a la planificación tradicional, si bien en los deportes de equipo se está volviendo cada vez más común la planificación por bloques.

Una vez determinados los objetivos y las fechas más importantes, hay que empezar a dividir el año deportivo. Supongamos que tenemos un atleta con dos torneos importantes, uno en el mes de Junio y el otro a fines de Noviembre. Enseguida podemos notar que estamos frente a un caso de dos picos, lo que equivale a decir que tenemos dos ciclos de entrenamiento, uno para cada mitad del año. La forma más esquemática para seguir con la planificación, será dividir a cada semestre en 6 mesociclos de 30 días, los cuales a su vez también serán divididos en microciclos de 7 días. Y reitero, esta división es absolutamente didáctica, ya que los distintos ciclos de entrenamiento son de duración variable, y esto estará determinado por el entrenador. La idea del presente artículo es mostrar que el entrenamiento deportivo moderno debe tener una organización planificada.

Ahora bien, ya sabemos de que forma vamos a organizar nuestro trabajo en el tiempo, sólo resta determinar qué aspectos vamos a trabajar al principio y al final. Es obvio que durante el mes de Enero (cuando estamos más lejos de la competencia) trabajamos cosas distintas a las que se trabajarían en Junio (cuando estamos más cerca de la competencia). Para empezar a trabajar sobre esta cuestión, la planificación presenta 3 momentos o períodos:

  • Período preparatorio (también conocido como “pre-temporada”)
  • Período competitivo
  • Período de transición

No vamos a detallar cada uno de ellos, sino simplemente decir que durante el período preparatorio hay un importante incremento del volumen de trabajo por sobre la intensidad. El entrenamiento es más general, se crean las bases para el rendimiento futuro, y la variación dependerá del nivel de atleta y del calendario. En el período competitivo, el atleta comienza a participar en encuentros deportivos a medida que la intensidad de los entrenamientos aumenta y el volumen disminuye. Finalmente, durante el período de transición, el atleta se dedica a otras actividades más placenteras, y tanto el volumen como la intensidad descienden bastante.

Esta claro que planificar no es fácil. Hay que saber mucho del deporte y del atleta, de los métodos de entrenamiento y de sus efectos. Pero no hay mejor manera de aprender a planificar que haciéndolo. De alguna forma u otra, el entrenamiento debe estar planificado. Ya sea para seguir un orden, identificar puentos fuertes o débiles, darle un sentido al trabajo, comparar con otros años, etc., la planificación permite al entrenador llevar un control de lo que realiza sin perder de vista a los objetivos. Ojalá estas palabras sirvan para motivar a los futuros profesores y entrenadores, quienes tal vez piensen que ir a los entrenamientos con una carpeta llena de anotaciones nos hace quedar como malos profesionales: nada mas alejado de la realidad. Si pueden anotar sus entrenamientos diarios y llenarlos de correcciones durante las prácticas, seguramente la planificación del próximo año tendrá menos errores, y habrá mayores posibilidades de éxito.

- Para saber más: “La Preparación Física”, de Platonov (Editorial Paidotribo)

El artículo de hoy tiene una connotación especial. Los reformados “Torneos Juveniles Bonaerenses”, que anualmente se celebran en la provincia de Buenos Aires, han tenido para mí un especial significado. En primer lugar, me han quitado todo el mes de septiembre y gracias a ello casi no he tenido tiempo para atender el blog.  Puesta sobre la mesa la excusa que explica mi ausencia, quisiera contarles el segundo motivo.

Los Torneos Bonaerenses han servido, desde la teoría, para que cientos de chicos de entre 13 y 18 años puedan participar en un deporte y vivir la esperanza del ansiado final en Mar del Plata, excepto, claro está, para lo que ya viven en Mar del Plata. Pero esta esperanza termina disolviéndose en la nada. O lo que es peor, en el triste y lamentable tinte con que muchos “docentes” de educación física terminar por colorear a estos Juegos.

Otro día voy a quejarme de la organización, los réditos políticos y el desvío de fondos. Hoy quiero hablar de los docentes que olvidan su función y terminan a golpes de puño en los partidos, de los docentes que olvidan la ética y falsifican documentos, de los docentes que pierden el timón, la cordura y los estribos cuando le dicen a un chico “entrá y dale en la canilla”. Hoy quiero hablar de esos docentes que no merecen llevar el mismo título de quienes, verdaderamente comprometidos con su vocación, muchas veces trabajan más de la cuenta y no para sacar una medalla, sino para enseñarles a sus alumnos que la grandeza no está en la victoria, sino en la lucha misma.

La gente de Puerto Rico, Guatemala, México, Chile o incluso de ciudades argentinas bastante alejadas de Buenos Aires quizá nunca escucharon hablar de una localidad conocida como Lomas de Zamora. A toda esa gente me gustaría contarles que aquí convergue un grupo de profesores dedicados al atletismo, que se alegra frente a la victoria del otro y comparte los triunfos, que nunca se piden un documento ni esperan el momento oportuno para “colar” a un atleta de otra categoría. Un grupo de docentes que se ayuda mutuamente prestándose libros, videos y apuntes, haciéndose correcciones mutuas y viajando siempre en grupo.

Me parece que éste es el objetivo de la educación en general, y de la educación física en especial. Si sabemos que la gran mayoría de nuestros alumnos no seguirá compitiendo después de terminar la escuela secundaria ¿por qué ganar un torneo se vuelve una cuestión de vida o muerte? ¿Todavía no entendimos que somos simplemente una parte, un momento, un instante en la vida de nuestros alumnos?  Quizá sea mejor ayudar a fomentar otros valores, que de seguro van a ser más importantes en la vida que un partido.

Este es el segundo motivo. Aún queda la final de Mar del Plata pendiente, pero tanto en la etapa zonal como regional he tenido la suerte de encontrarme con profesores comprometidos con su profesión, ligados fuertemente a la práctica de la enseñanza. Espero que a partir de la próxima semana pueda volver a la continuidad y seguir ofreciendo a todos los artículos sobre entrenamiento deportivo que tanto desean. Mucha suerte y hasta pronto.

La contracción muscular

Usted puede tomar todos los músculos del cuerpo y separarlos en dos grandes grupos: lisos y estríados. El primer grupo comprende a todos aquellos músculos de contracción involuntaria, y que no requieren de intervención conciente para su activación.  Lo opuesto ocurre con los músculos del segundo grupo o de contracción voluntaria, y que sólo pueden ser activados con participación de la conciencia. Por supuesto, esta sencilla descripción dejado de lado al músculo cardíaco y a todas aquellas reacciones reflejas que ponen en funcionamiento la musculatura voluntaria a pesar de nuestra decisión (por más que quiera, usted no puede negarse a respirar por mucho tiempo).

En el entrenamiento deportivo, solamente tiene importancia el músculo de contracción voluntaria. Esto es así porque es el único con capacidad de “entrenabilidad”. Ahora bien, todo músculo puede realizar únicamente dos acciones: contraerse y relajarse. Y todo bajo el rigor de la ley de “todo o nada”, es decir, se contrae o no lo hace. No hay términos medios.

Tanto la contracción como la relajación son el resultado del acortamiento o estiramiento de las fibras musculares. Esta fibras musculares estan conformadas por racimos de fibras de menor tamaño, las cuales a su vez están constituídas por estructuras móviles conocidas como sarcómeros, que son al fin y al cabo los responsables principales del trabajo muscular.

Tradicionalmente se compara al comporamiento de un músculo con el de un elástico, pero esto no es del todo correcto. En realidad, un sarcómero esta compuesto de distintos elementos, algunos de los cuales se “atraen” como lo hacen los polos opuestos de un imán. Así, la actina y la miosina, dos proteínas que se sienten muy a gusto cuanto estan juntas, son las que ayudan a acortar el espacio virtual del sarcómero, produciendo la contracción muscular.

Esta unión sólo es posible cuando la tropomiosina y la troponina se separan por acción de los iones de calcio en el medio, a sazón de impulsos generados por el sistema nervioso. Luego, cuando la contracción debe terminar, los iones son reabsorbidos y el puente de actina-miosina se rompe otra vez. Todo este completo circuito (sumamente resumido) se da en fracciones de segundo. ¡Imaginen, por ejemplo, a los músculos de la mano de un pianista, mientras ejecuta a “presto vivace” una de sus obras preferidas!

- Para saber más: “Fisiología deportiva”, de Rolando Osmar Ciro

Todos sabemos que no es igual saltar una valla colocada a 20 cm, otra a 40 cm y otra a 80 cm. Las tres alturas representan distintos grados de dificultad. Pero este concepto también se relaciona con otra cuestión de importancia: la altura del sujeto. En otras palabras, saltar la valla de 80 cm no tendrá la misma dificultad para un deportista de 1,60 que para otro de 1,80. Estas cuestiones triviales, muchas veces desestimadas por los entrenadores, son fundamentales a la hora de planificar un entrenamiento orientado a mejorar la potencia del tren inferior. Un instrumento invalorable para cualquier deportista de cualquier talla es la plataforma de salto.

La plataforma de salto permite obtener datos relacionados con las cualidades físicas, tales como la fuerza explosiva o la resistencia a la fuerza, como así también datos relacionados con la biomecánica, como lo son el tiempo de vuelo y contacto, o el coeficiente de calidad (Q). Sin embargo, el paso del tiempo hizo que los investigadores comenzaran a encontrarle nuevas aplicaciones. Desde evaluar lesiones  hasta medir el tiempo de una carrera, la plataforma de salto se ha convertido en una herramienta fundamental a la hora de evaluar.

Los saltos más empleados son:

  • Squat jump (SJ), donde el deportista realiza un salto vertical desde la posición de media sentadilla, con las manos en las caderas.
  • Counter movement jump (CMJ), similar al anterior, pero con un previo contramovimiento hacia abajo.
  • Drop jump (DJ), donde el deportista parte desde un cajón con las piernas extendidas y las manos en las caderas, para dejarse caer y despegarse rápidamente del suelo una vez que toma contacto con él.

También se realizan otros saltos, tales como el Rocket jump, el Abalakov, o los saltos continuos en 15 o 60 segundos. El tipo de salto será determinado por el entrenador en función de cada especialidad deportiva, y en vistas a los trabajos que se realizarán en el próximo ciclo de entrenamiento.

La gran ventaja que sin dudas ofrece la plataforma de saltos es la posibilidad que ofrece de conectarse vía USB con una notebook, para que el software obtenga y procese los datos para su posterior evaluación. Los programas más avanzados permiten elaborar planificaciones que tengan en cuenta las variables de volumen, intensidad y pausa, de forma tal que el entrenador recibe una excelente ayuda al ahorrarse un tiempo que siempre es valioso.

En Argentina el precio de una plataforma es bastante elevado, pero hay que reconocer que su utilidad es máxima y su inversión esta justificada, siempre y cuando el entrenador sepa que hacer con los resultados. Si en su institución cuentan con el dinero suficiente y la preparación física es un aspecto importante en sus entrenamientos, entonces debería pensar en adquirir un equipo.

- Para saber más: “La pliometría”, de Gilles Cometti, INDE Publicaciones

Para vivir, nuestro organismo obtiene su energía de una molécula conocida como ATP. Este ATP puede ser sintetizado por 3 vías o sistemas energéticos:

  • El ATP - PC
  • El glucolítico
  • El oxidativo

El error más común a la hora de entender la interacción de los sistemas es pensar que actúan en forma secuencial, es decir, primero uno, luego el otro, y finalmente el otro. Esto no es así. El concepto fundamenta es este: los tres sistemas actúan al mismo tiempo. Lo que sucede es que en determinadas ocasiones, uno sobresale de los otros por distintos motivos.

Ahora bien, ¿qué es lo que determina que un sistema prevalezca sobre los demás? Básicamente hay dos factores: la intensidad y la duración del ejercicio. Veamos algunas situaciones: si el ejercicio es de muy alta intensidad pero dura un breve lapso, toma protagonismo el sistema ATP-PC. Pero si el ejercicio dura más tiempo, la intensidad debe descender y darle paso al sistema glucolítico. Pero todo esto no logra suprimir al sistema oxidativo, que en estado de reposo es responsable del 50% de la energía aportada. Cuando la actividad física comienza, este porcentaje se reduce, pero nunca desaparece.

Finalmente, otros factores tales como la condición física o los niveles de hidratos de carbono prejercicio ayudan a determinar cuales será los sistemas empleados. Pero en todos los casos, siempre un sistema prevalecerá sobre los demás, sin que esto signifique la desaparición o supresión de de los otros.

- Para saber más: Fisiología el esfuerzo y del deporte (Wilmore y Costill, Paidotribo)

Cuando usted pide prestado, tarde o temprano tiene que devolver. Sí, ya sé que en ocasiones eso no sucede, pero en el cuerpo humano no hay manera de escapar. Frente a una actividad de mediana o alta intensidad, el organismo necesita más oxígeno del que habitualmente consume en estado de resposo.

Esto en sí no sería un problema, ya que oxígeno hay de sobra. La cuestión es que esa demanda de oxígeno crece a medida que los sistemas de alta energía (ATP-PC y glucólisis rápida) comienzan a producir energía de forma inmediata. Estos sistemas responden casi al instante, pero a un alto costo. La glucólisis lenta es más barata, pero tal como su nombre lo indica, la energía tarda en llegar.

Cuando el esfuerzo termina, llega la hora de pagar por ese oxígeno. La cantidad de oxígeno captada durante la fase postesfuerzo que suele superar las verdaderas necesidades en reposo, se suele denominar deuda de oxígeno. (Zintl, ‘88 )

La deuda de oxígeno tiene dos fases. En la primera (o rápida) se resintetizan los depósitos de fosfato, es decir, las reservas de ATP y fosfocreatina. Con la misma velocidad también se recuperan los depósitos de oxígeno (mioglobina). Esta fase también puede denominarse “aláctica”. En la segunda (o lenta) se remueve el ácido láctico, el cual debe ser transportado al hígado para su posterior conversión. Esta fase también es conocida como “láctica”.

La duración de la deuda de oxígeno es proporcional al volumen e intensidad del entrenamiento realizado, y en casos tales como los que se dan en pruebas de corta duración (de 35″ a 2′), la mayor captación de oxígeno puede prolongarse hasta los 60 minutos.

Si durante el descanso de su rutina de trabajo en el gimnasio usted se toma un segundo para observar, pronto notará a unos cuantos sujetos, la mayoría hombres, moviendo una gran cantidad de kilos y evidenciando un claro desarrollo muscular. Jamás dudaría de su fuerza (menos aun, de tener un pleito con ellos). Ahora bien, usted tampoco dudaría de la fuerza de un tenista de elite, cuya velocidad de saque supera los 100 km. por hora. Y es aquí donde aparece entonces la pregunta clave: ¿podrá el hombre del gimnasio realizar un saque tan veloz como el del tenista?

Aun si conocimientos específicos, usted ya sabe la respuesta: el fisicoculturista es mas “lento”. Pero lo cierto es que para entrar en tema, la afirmación debe cambiar de perspectiva: el tenista es más “potente”.

Este ejemplo es perfecto para entender el concepto de fuerza, ya que la fuerza no se manifiesta de una sola manera, sino de varias. El “tiempo” que esa fuerza tarde en presentarse es un indicador de potencia muscular. Cuando menos tiempo tarde, mayor potencia. Esto es así porque la potencia es el resultado de la relación existente entre fuerza y velocidad. Así llegamos a la conclusión de que la potencia es la capacidad de realizar un trabajo en el menor tiempo posible. En términos del entrenamiento deportivo, ser potente significa ser capaz de aplicar un gran fuerza a una gran velocidad y muy rápido.

Cuando hablamos de potencia muscular, hablamos de aumentar la fuerza a través del aumento de la velocidad y el achicamiento de los tiempos de ejecución. Si buscamos que nuestro deportista sea potente, es importante plantear ejercicios que demanden una ejecución explosiva, a expensas del único sistema energético capaz de sostenerlos: el anaeróbico aláctico. Este dato nos da la posibilidad de pensar en trabajos de corta duración y alta velocidad de ejecución, tal como sucede, por ejemplo, en el entrenamiento pliométrico.

Hoy, el concepto de “potencia” ha cobrado suma importancia en el ámbito de la preparación física. No es casualidad: un deportista necesita de la fuerza, pero también necesita expresar esa fuerza en el menor tiempo posible. Desde un saque de tenis a un remate de voley, desde un lanzamiento suspendido en handball hasta el salto en básquet, todo se reduce al acortamiento del tiempo de ejecución. Por lo tanto, un deportista vale mucho por ser fuerte, pero vale aun más por ser “potente”.

Para saber más:
- Fuerza, Potencia y Acondicionamiento físico (Horacio Anselmi)

Imagínese por un momento que usted es una bella joven que vive sola, acostumbrada a la “desinteresada” colaboración de sus solteros vecinos, siempre atentos a sus recados. Para traer las bolsas del mercado, que por cierto no esta nada cerca, la ayudan los chicos de al lado. Y en las frías mañanas, cuando el motor del auto no arranca, son los varones de la otra vereda los encargados de prestar sus servicios.

Este burdo ejemplo sirve para ilustrar una cuestión fisiológica de sumo interés para el entrenamiento deportivo: el reclutamiento de fibras. Este reclutamiento esta determinado por la carga de trabajo. En otras palabras, mis fibras rápidas o lentas se activan según las necesidades del caso.

Cuando la carga es baja (las bolsas del mercado) se activan las fibras lentas (los chicos de al lado), cuando la carga es alto (el automóvil) se activan las fibras rápidas (los varones de la otra vereda).

Por supuesto, la cuestión es algo más compleja cuando aparecen factores tales como la velocidad, ya que si la carga es baja pero se mueve con rapidez, trabajan las fibras rápidas. Y si la carga, aunque leve, se sostiene en el tiempo, termina por activar a todas las fibras.

En el tema del reclutamiento de fibras, hay que resaltar la importancia de la sincronización de las mismas, un fenómeno también conocido como coordinación intramuscular. Si todos empujaran el auto al mismo tiempo, ejercerían más fuerza que haciéndolo a destiempo. Siguiente este razonamiento, si más fibras musculares se contraen al mismo tiempo, más fuerza producen.

El objetivo del entrenamiento deportivo no es otro más que valerse de los principios adaptativos del organismo para dar lugar a la supercompensación de las distintas variables fisiológicas. En los trabajos de resistencia, posiblemente las dos variables más importantes sean el umbral anaeróbico y el consumo máximo de oxígeno, como así también su relación con los diferentes sistemas energéticos. En otras palabras: para mejorar la resistencia, hay que mejorar el suministro de energía.

El entrenamiento intermitente, que consiste en fases de alta muy alta intensidad y de corta duración intercaladas con pausas incompletas, permite mejorar estas variables haciendo que los distintos sistemas de energía sean requeridos en diferentes ocasiones.Durante la fase activa, la frecuencia cardíaca tiende a aumentar, aunque no podrá descender del todo en la fase pasiva, gracias a su corta duración. Esta metodología es la que permite al trabajo intermitente conseguir que el deportista trabaje por más tiempo en una zona de consumo máximo de oxígeno.

Por otro lado, y debido a los altos índices de velocidad que se manifiestan sobre todo en las primeras repeticiones, el entrenamiento intermitente permite mejorar tanto la potencia como la capacidad anaeróbica. Este es, sin lugar a dudas, otro de los ítems por los cuales el trabajo intermitente se ha hecho tan popular en los deportes colectivos, en especial el fútbol, donde estas cualidades son tan necesarias y la disposición temporal es tan limitante.

Otra importante adaptación producida por el entrenamiento intermitente se da en las fibras FT o rápidas. Debido al corto tiempo otorgado a la recuperación, las fibras blancas mejoran su desempeño en condiciones adversas mejorando así su resistencia a la fatiga.

Finalmente, las ventajas del método son diversas: permite un mayor trabajo en zonas de alta intensidad, se ajusta a distintas demandas energéticas, tiene gran transferencia a los deportes colectivos, permite una adaptación muscular más específica y hasta resulta un método de entrenamiento más motivante. Claro que nunca debemos olvidar que ningún método es definitivo, y que una planificación justa y equilibrada sabrá trabajar con todas las herramientas a su disposición para obtener el éxito deportivo.

Durante años los profesionales de la educación han tratado de dar forma al significado de evaluación. Tal es así que aún hoy, jornada tras jornada, se discute este concepto y la respuesta parece estar tan dispuesta a esconderse que hay pocas posibilidades de que aparezca. Para algunos, esto es positivo porque permite que sigamos preguntándonos acerca de lo que pensamos, y para otros obviamente que no, ya que si no existe un concenso sobre que está bien o mal, ningún sistema terminará siendo justo.

Los docentes de educación física toman a la evaluación como la forma en la que pueden medir los logros alcanzados por sus alumnos. Estos logros no sólo deben darse en el plano motor. Si consideramos al ser humano como un ente psico – bio – social, entonces los logros deben darse en estos planos, sin excepción.

La herramienta más firme que los docentes de educación física tenemos para ver del desarrollo que van logrando nuestros alumnos es la observación directa. Sin dudas en una herramientas muy fiable, aunque tiene sus limitaciones. Si tenemos muchas horas y varios cursos, y no todos los cursos tienen sus correspondientes estímulos, es muy probable que no llegemos a visualizar y recordar del desempeño de cada uno de los chicos. Y eso es porque muchos alumnos, sobre todo los más tímidos, siempre logran pasar desapercibidos y solamente el docente muy avispado y despierto llega a darse cuenta.

Como alternativa, o en caso de que esta herramienta falle, los docentes siguen una conducta casi mecánica. Con la libreta en la mano comienza un desfile de chicos haciendo abdominales, espinales y flexiones de brazos, como si el desarrollo psico – bio – social del alumno pudiera medirse en éstos únicos tres ejercicios, tan aburridos, mecánicos y tantas veces inapropiados para el estado de salud del grupo.

Es importante que el profesor de educación física al menos comprenda que existen otras herramientas que puede utilizar para evaluar a sus alumnos. Recordar que lo fundamental es el proceso y no el producto, por lo tanto el seguimiento de los procesos individuales y grupales es fundamental. Puede echar mano a otros recursos, como un registro anecdótico donde anotar situaciones significativas de cada chico, detallando absolutamente todo. O bien una lista de control, donde se consigne el trabajo diario realizado en base a una escala de valores previa.

Finalmente, nunca está de más plantearse un momento para realizar una autoevaluación. Esto también puede servir como instrumento de medir al grupo ya que podemos pensar en función de que ellos mismos brinden apreciaciones sobre su actuar y su desarrollo. No es necesario buscar una ocasión especial, sino de aceptar la práctica docente como un hecho especial.

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